
Alrededor del jarrón tejido a mano se arremolina la gente para ver el espectáculo.
El encantador de serpientes se sienta en esa posición y toca. Antonin Artaud responde, enroscado de rojo y amarillo ejecuta la danza balinesa que aprendió de Tamara. El público le aplaude. Entonces se entusiasma Peter Brook que sacando lengua y trazando un círculo se eleva hasta quedar erguido frente al público. Con los rojos ojos parece hipnotizarlos y devora al mismo tiempo el Mahabharata del Encantador, que nada puede hacer para evitarlo, sino seguir tocando, porque aparece la tercer serpiente.
La tercer serpiente no es serpiente. Es una Salamandra que repta por los intersticios del jarrón tejido a mano. Provoca un grito aterrador cuando se escapa. Pero la flauta es poderosa y la retiene haciéndola caer bajo su influjo, así, en paz, Octavio medita y es el contraste entre su inmovilidad de fuego y las corrientes serpentinas lo que provoca un asombro general, y no el flautista, que todos olvidan por ahora.
1 comentarios:
Hola Vidal!! Recuerda que tenemos pendiente nuestra excursión de la Ruta de Artaud... deja que me gradue y trabajaré en eso! Saluditos!
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